Webs Personales Globered
Consigue tu propia página web

Terra Solemne 
0 0 0

Erik Erikson

Por: OsirisHamlet | Publicado: 23/02/2011 07:30 | |

Erick Erikson: teoría de la identidad

La obra de Erikson ejerció una fuerte influencia en el psicoanálisis y el cultura en general.

Fue formado en la tradición psicoanalítica por la hija de Freud, Anna y planteo un enfoque que amplía el alcance de la obra de este, pero también conserva una gran parte de su esencia. También exhibe una solida vinculación con la postura de Freud.

Erikson amplió la teoría psicoanalítica en tres sentidos, profundizó las etapas del desarrollo, se concentro en la niñez y afirmaba que la personalidad quedaba fijada por ahí de los cinco años.

El segundo sentido que hizo la diferencia con la teoría de Freud es que concedió más importancia al yo que al ello, el yo es una estructura independiente de la personalidad.

El tercer punto más importante de la teoría de Erikson es que los factores biológicos innatos que operan en la niñez no nos dirigen del todo.

La vida de Erikson

Nació en Frankfurt (Alemania) su madre era danesa y pertenecía a una familia judía con muchos bienes, se embarazo de otro hombre. Después del nacimiento, se quedo en Alemania y se caso con el pediatra Theodore Homburger. Erick no supo que el Dr. Homburger no era su padre biológico, afirmaba que creció sin estar seguro de su nombre ni de su identidad psicológica. Conservó el apellido del Dr. Hasta los 37 años, cuando se hiso ciudadano de Estados Unidos y adoptó el nombre de Erik Homburger Erikson.

Erikson tuvo otra crisis de identidad cuando entró a la escuela. Sus compañeros alemanes lo rechazaban porque su madre y su padrastro eran judíos. También sus compañeros judíos lo rechazaban a su vez porque era alto y rubio.

Se alejó de la sociedad convencional y recorrió Alemania e Italia; leía mucho, anotando sus ideas en un cuaderno, y observaba todo a su alrededor. Se describía entonces como mórbidamente sensible y neurótico, rayando en la psicosis.

Existe una visible correspondencia entre las vidas de Erikson, particularmente la de su niñez y adolescencia, y la teoría que desarrolló de adulto.

 

Estudios del desarrollo del niño

Cuando tenía 25 años, Erikson recibió una oferta para dar clases en una pequeña escuela de Viena que había sido creada para los hijos de los pacientes y amigos de Sigmund Freud. Esté estaba atrayendo pacientes de todo el mundo a sus sesiones psicoanalíticas. Erikson confesaría que en parte se había sentido atraído por Freud en razón de que buscaba un padre. Ahí fue cuando comenzó su carrera profesional y cuando sintió que finalmente había encontrado una identidad.

Anna Freud lo formó en el psicoanálisis y lo analizó. Erikson conoció a Joan Serson, pintora y bailarina nacida en Canadá que había sido analizada por un discípulo de Freud. Se enamoraron, pero cuando se embarazó se negó a casarse con ella pues tenía miedo de establecer un compromiso permanente y creía que su madre y su padrastro no aceptarían a una nuera que no fuera judía.

Erikson inició sus estudios de posgrado en la Universidad de Harvard, con la intención de Doctorarse en Psicología, pero reprobó el primer curso y decidió que un programa académico formal no le satisfacía.

Colaboró con un Antropólogo de la universidad en un estudio sobre las practicas de crianza de los sioux de Dakota  del sur. Esta investigación reforzó su idea de la influencia de la cultura en la niñez. Erikson continuó ampliando sus ideas en el Institute of Human Development de la Universidad de California en Berkeley. Él quería tener una experiencia clínica tan vasta como fuera posible. Por lo mismo, buscaba pacientes que provenían de distintas culturas y atendía tanto a personas que consideraba normales, como a víctimas de algún problema psicológico.

Confusión de la identidad

En sus observaciones de los pueblos indios de Dakota del sur y California, Erikson observó algunos síntomas psicológicos de la teoría freudiana ortodoxa no explicaban. Estaban relacionados con un sentimiento de enajenación de las tradiciones culturales, que daba por resultado la ausencia de una imagen clara del yo o de una identidad propia. Este fenómeno que al principio llamó confusión de la identidad, se parecía al que había observado en el caso de los excombatientes con alteraciones emocionales después de la segunda guerra mundial.

Etapas del desarrollo psicosocial de la personalidad

Erikson dividió el desarrollo de la personalidad en ocho etapas psicosociales. Las cuatro primeras se parecen a las de Freud: al oral, anal, fálica y latencia. La principal diferencia entre los dos radica en que Erikson ponía énfasis en los correlatos psicosociales, mientras que Freud se concentraba en los factores biológicos. Según Erikson, lo que él llamaba principio epigenético de maduración rige el proceso de desarrollo. El prefijo griego epi significa (de) por lo tanto, el desarrollo depende de factores genéticos. Las fuerzas sociales y ambientales a las que estemos expuestos influirán en cómo se desarrollen las etapas predeterminadas genéticamente.

El potencial para estos conflictos existe de nacimiento en forma de predisposiciones innatas, y éstas adquirirán preeminencia en diferentes etapas, cuando el entorno exija ciertas adaptaciones. Cada confrontación con nuestro entorno es una crisis.

Podemos responder a la crisis de dos maneras: con inadaptación (negativa) o con adaptación (positiva). Mientras no hayamos resuelto el conflicto, la personalidad no podrá proseguir con la secuencia normal del desarrollo ni adquirir la fuerza necesaria para encarar la crisis de la etapa siguiente.

Erikson también planteó que cada una de las ocho etapas psicosociales ofrece la posibilidad de desarrollar nuestras fortalezas básicas, de las cuales surgen cuando se ha superado la crisis de modo satisfactorio. También sugirió que las fortalezas básicas son interdependientes; es decir, una no se puede desarrollar mientras no se haya confirmado la fortaleza asociada con la etapa anterior.

Confianza frente a desconfianza

Se presenta en el primer año de vida, tiempo de la máxima indefensión del ser humano. El lactante depende eternamente de su madre o de quien lo cuide para sobrevivir, sentirse seguro y recibir afecto. La boca tiene una importancia vital durante esta etapa. La interacción con la madre determina si incorporará a su personalidad una actitud de confianza o desconfianza para sus intercambios futuros con el entorno.

Si la madre reacciona adecuadamente a las necesidades físicas del bebé y le brinda mucho afecto, amor y seguridad, el pequeño adquirirá un sentimiento de confianza, actitud que caracterizará la idea creciente de sí mismo y de los demás. 

De otra parte, si la madre rechaza al niño, no lo atiende y observa una conducta incongruente, el infante desarrollará una actitud de desconfianza y será suspicaz, miedoso y ansioso. Según Erikson, la desconfianza también se puede presentar si la progenitora no muestra un interés exclusivo por su hijo.

Autonomía frente a duda y vergüenza

El niño desarrolla velozmente varias habilidades físicas y mentales, y es capaz de hacer muchas cosas sin ayuda. Aprende a comunicarse mejor, a caminar y trepar, a empujar y jalar, a retener objetos o a soltarlos. Se siente orgulloso de estas destrezas y casi siempre quiere hacer todo el solo. Para Erikson, la más importante de estas capacidades es la de retener y soltar.

En esta etapa la principal crisis entre padre e hijo se suele centrar en el control de esfínteres, visto como la primera situación en que la sociedad intenta regular una necesidad instintiva. Se enseña al niño a contenerse y evacuar tan solo en determinados momentos y lugares. Los padres pueden dejar que aprenda el control de esfínteres a su propio ritmo o pueden enojarse con él. En este caso, estarían negando su autonomía al imponerle el aprendizaje y mostrando impaciencia e ira cuando no se comporta correctamente. Si cortan y frustra n así el intento del niño por ejercer su independencia, éste aprenderá a dudar de sí mismo y experimentará vergüenza al tratar con otros.

Iniciativa frente a culpa

La etapa locomotora-genital, que se presenta entre los tres y cinco años, expresa un fuerte deseo de tomar la iniciativa en muchas actividades. Iniciativa que también se puede desarrollar en forma de fantasías, las cuales se manifiestan en el deseo de poseer al progenitor del sexo opuesto y en la rivalidad con el mismo sexo.

Si lo castigan e inhiben estas manifestaciones de iniciativa, el niño desarrollará sentimientos de culpa persistentes que influirán en sus actividades auto dirigidas a lo largo de toda su vida.

Laboriosidad frente inferioridad

La etapa de latencia del desarrollo psicosocial de Erikson, se presenta entre los 6 y 11 años, corresponde al periodo de latencia de Freud. El niño ingresa a la escuela y entra en contacto con nuevas influencias sociales. En teoría, aprende nuevos hábitos de trabajo y estudio, tanto en casa como en la escuela, primordialmente como un medio para conseguir el elogio y la satisfacción que se deriva de realizar una tarea con éxito.

Las actitudes y las conductas de padres y maestros determinan en gran parte la medida en que el niño percibe que está aprendiendo y utilizando sus habilidades debidamente. Si lo regañan, ridiculizan o rechazan, es probable que desarrolle sentimientos de inferioridad y falta de adecuación. En cambio el elogio, y el reforzamiento favorecen el sentimiento de competencia y estimulan el esfuerzo constante.

 

 

Cohesión de identidad frente a confusión de roles: crisis de identidad

La adolescencia, entre los 12 y los 18 años, es la etapa en la que tenemos que encarar y resolver la crisis básica de la identidad del yo. Es cuando formamos nuestra autoimagen, o sea, que integramos lo que pensamos de nosotros mismos  y lo que la gente piensa de nosotros.

El adolescente ensaya diversos roles e ideologías tratando de seleccionar el más adecuado para él. Erikson sugirió que la adolescencia es una especie de paréntesis entre la niñez y la edad adulta, una pausa psicológica necesaria que proporciona tiempo y energía suficientes para desempeñar varios roles y encarar  diversas autoimágenes.

Las personas que pasan esta etapa con un sólido sentido de identidad personal están preparadas para iniciar la edad adulta con certeza y confianza. Las que no consiguen una identidad congruente- que sufren una crisis de identidad- mostrarán confusión de roles.

Intimidad frente a aislamiento

Etapa desde el final de la adolescencia hasta los 35 años. Nos independizados de nuestros padres e instituciones cuasi paternas, como la universidad, y empezamos a funcionar con mayor autonomía como adultos maduros y responsables.

Según erikson, la intimidad no se limita a las relaciones sexuales, sino que comprende del cariño y el compromiso. Son emociones que se pueden manifestar abiertamente, sin recurrir a los mecanismos de autoprotección ni de defensa y sin temor a perder el sentido de la identidad personal.

Quienes no logran establecer esta clase de identidad en la adultez temprana tendrán sentimientos de aislamiento.

Generatividad frente a estancamiento

Es una etapa de maduración en la cual necesitamos participar activamente en la enseñanza y la orientación de la siguiente generación, nuestro interés se extiende y amplia, pues abarca a las siguientes generaciones futuras y el tipo de sociedad en que vivirán.

Cuando un individuo maduro no puede o no quiere buscar un cauce para la generatividad, se sentirá abrumado por “el estancamiento, el aburrimiento y el empobrecimiento de sus relaciones interpersonales”. La descripción que hace Erikson de estos problemas emocionales de la edad madura se parece a la de Jung de la crisis a la mitad de la vida.

Integridad del yo frente a desesperación

 La integridad del yo y la desesperación. Ambas actitudes determinan la manera en que evaluaremos toda nuestra vida. A estas alturas ya hemos cumplido todas nuestras metas o estamos a punto de cumplirlas. Si al resolver la vista atrás nos sentimos realizados y satisfechos, convencidos de que hemos vivido con serenidad los triunfos y los fracasos, cabe decir que poseemos la integridad de yo, la integridad implica aceptar el presente y el pasado.

Por el contrario, nos sentimos frustrados, enojados por las oportunidades perdidas y arrepentidos de errores que es imposible enmendar, nos invadirá la desesperación. Nos enfadaremos con nosotros mismos, despreciaremos a la gente y nos amargaremos por lo que pudo haber sido y no fue.

Los adultos mayores no se deben contentar con reflexionar sobre el pasado. Deben seguir participando activamente en la vida, buscando retos y estimulación en el entorno. También deben realizar actividades propias de los abuelos, como regresar a la escuela o cultivar nuevas habilidades e intereses.

Debilidades básicas

Tal como las fortalezas básicas se presentan en cada etapa del desarrollo psicosocial, también se presentan las habilidades básicas.

El yo solo tiene una actitud, sea la de adaptación o la de inadaptación. Erikson llamó desarrollo inadecuado a esta condición. Cuando en el yo solo está presente la tendencia negativa, se dice que la condición es “maligna”. Las inadaptaciones pueden llevar a neurosis y las malignidades a la psicosis.

Preguntas acerca de la naturaleza humana

El optimismo tiene cabida en la teoría de Erikson porque todas las  etapas del desarrollo psicosocial, ofrecen la posibilidad de un resultado positivo. Somos capaces de resolver cada situación con adaptación y de un modo que nos fortalece. Aun cuando fracasemos en una etapa y presentamos una respuesta de inadaptación o una debilidad básica, siempre queda la esperanza de cambiar en una etapa subsecuente.

La teoría de Erikson solo es determinista en parte. En las primeras etapas no tenemos el control de la mayoría de nuestras experiencias con los padres, los maestros. Tenemos mayor posibilidad de ejercer nuestro libre albedrío en las últimas cuatro etapas, Erikson pensaba que el aprendizaje y la experiencia influyen en la personalidad más que la herencia.


Comenta